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¡Bingo!

Bingo

¿Cuántas veces en la vida nos falta ese número, ese “cinco pa’l peso”? A veces, bueno, hay que buscarlo, sí, obviamente, pero a veces uno simplemente se rinde porque parece que las fuerzas cósmicas, Dios, Alá, Buda, Ganesha, Monesvol, Kami-Sama, Clarín y Maradona se nos pusieron en contra y nos hicieron la vida imposible.

Tengo un conflicto a veces conmigo mismo. A veces creo en el destino predefinido, pero a veces creo en la suerte y en las casualidades. Entonces a veces para quedar bien conmigo mismo hago una mezcla de teorías: el destino está predestinado en grandes aspectos como: “vas a ser Ingeniero Agrónomo a los 26, te vas a casar con una amiga de tu prima y vas a tener 3 hijos, dos nenas y te vas a morir a los 86 en una avalancha de mujeres desnudas”. Pero en aspectos cotidianos, más particulares, todo está regido por la suerte, las coincidencias y el azar. Si no sería un quilombo que venga un tipo que escriba tu destino y tenga que escribir cada detalle. Bah, quién sabe.

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¿Y mis Derechos Humanos qué?

Últimamente esa frase es el latiguillo de muchas personas quienes con mucha vehemencia sostienen que los delincuentes menores deberían ser juzgados y metidos presos por cometer delitos en el medio de esta epidemia.

“Si tienen la consciencia de agarrar un arma y matar a alguien, entonces tienen consciencia para estar presos. ¿Sus Derechos Humanos? ¿Y qué pasa con mis derechos humanos?”.

¿Qué pasa con tus Derechos Humanos? Y es cierto, tenemos derecho a la vida, a la libre circulación, a la seguridad, a la propiedad privada. Tenemos todos esos derechos, tenemos esa necesidad de salir y no sentir que nos van a robar en cualquier esquina.

Por suerte yo puedo decir que mis derechos humanos se cumplen en cierta medida. Tengo una identidad, un país en el que resido, tengo educación, tengo una vida digna, tengo libertad de expresión, porque escribo en este blog lo que primero se me viene a la mente, tengo acceso a servicios de salud, si no hubiera muerto a los 2 años de un broncoespasmo. Tengo libertad de culto, de libre circulación, tengo muchos derechos.

¿Y ese nene de doce años que quieren meter en la cárcel? ¿Tiene sus derechos humanos cumplidos? ¿Su familia tiene los derechos humanos cumplidos? Yo creo que no. “Los niños ya no son como en mi época”, dirá algún viejo. Y por supuesto que no porque en el pasado esa gente se crió bajo otros valores que ahora desaparecen, la responsabilidad, el esfuerzo del trabajo, el compromiso con la sociedad, el voto responsable. Ese nene en especial no crece criado con esos valores. Su padre está desempleado por políticas que no contienen a la sectores más bajo. Y más que nada, ese niño no tiene conciencia de lo que hace, aunque así lo parezca. Porque los chicos no salen de repollo, o al menos eso me enseñaron las clases de salud reproductiva, tienen padres, gente grande, consciente de sus actos y que por eso manda a matar y a robar a chicos que no tienen conciencia ni capacidad de discernir por qué hacen eso ni por qué está mal.

Subir la imputabilidad no sólo no ayuda a solucionar el problema de la inseguridad, si no que hasta en algún punto implica aumentar la violencia en los chicos que serían puestos tras las rejas, ya que entran en un ámbito que no los va a reformar, que es para lo que idealmente tendrían que funcionar las cárceles. El director regional de la UNICEF para América Latina, Nils Kastberg nos cuenta que las experiencias en Latinoamérica con este tipo de medidas sólo lograron aumentar los índices de violencia y delito. Además hay otro dato importante a tener en cuenta:

“En la Argentina hay unos 2000 homicidios dolosos al año. De ese total, en unos doscientos han participado menores de 18 años. De esos doscientos, 150 corresponden a jóvenes de 16 a 18 años. Quedan 50, de los cuales en 35, los responsables tenían 15.”

O sea que sólo 15 homicidios son hechos por chicos por debajo de la edad de imputabilidad (los de 15 lógicamente están próximos a cumplir 16 y cuando pasa el tiempo adecuado ya son imputables). ¿Entonces todo este espamento por 15? No digo que esas quince vidas no valgan, lo valen mucho, pero el hecho es como siempre prevenir y no lamentar para que otras quince vidas, cincuenta o doscientas vidas no se tengan que perder.

Otro hecho relacionado con los Derechos Humanos es la ley de extracción de ADN, que algunos medios llamaron “compulsiva”. No puedo concebir cómo algunos medios sean tan irresponsables, primero de manipular la información diciendo cosas como que la ley obligará a sacarle sangre a las víctimas, entre otras estupideces. Peor aún es decir que esta ley está en contra de los Derechos Humanos porque uno decide sobre su propio cuerpo y de hacerse el análisis. Hay que tener en cuenta que se habla de algo gravísimo: la expropiación de niños y su perdida de la identidad, dos derechos humanos fundamentales e incumplidos. Bajo la premisa de que es una ley del Gobierno en contra del grupo Clarín se olvida algo esencial y es que la dueña de dicha empresa probablemente tenga dos hijos expropiados, algo gravísimo y que incurre una falta a los Derechos Humanos también.

¿Entonces qué? ¿Los Derechos Humanos son para unos y no para todos como la misma declaración lo dice? Me parece que no. Bajo los intereses políticos, económicos y sociales de muchos sectores olvidamos cosas fundamentales y nos colgamos en debates que no deberían ser para dejar de lado otros debates que si deberían ser discutidos, por nosotros, el Estado y todos los involucrados. Porque la premisa fundamental al fin y al cabo es que los Derechos Humanos se nos cumplan a todos.

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Todos putos (Monólogo interior)

Putos. Perdón, tenía ganas de lanzar una puteada. Ahora sí empezamos con este post. Estoy en la casa de mi abuelo, quien tiene una mejor compu que la mía, un monitor con mucha más onda (y que no mata mi vista) y no sé qué más.
Mientras tanto, en la tele sale Mac Gyver. El actor de voz de Mac Gyver es el mismo que el de Gokú, qué groso. Podría reconocer la voz de Mario Castañeda (el tipo que hace la voz de Gokú, de Mac Gyver y también de Jim Carrey en todas sus películas dobladas) a kilometros de distancia. Es un ejercicio divertido reconocer a los distintos actores de doblaje en distintos roles. Recuerdo el año pasado en el Animate 08 (una reunión cumbre otaku) que estuvo la mina encargada de hacer la voz de Lisa en los Simpsons, Serena en Sailor Moon, Chaoz y Milk en Dragon Ball, Laura en la familia Ingalls, Angelica en los Rugrats y miles de interpretaciones más que sería muy difícil de ennmerar. Más allá de que ahora el doblaje no sea visto como “algo bueno”, con los doblajes nos criamos y son parte importante de la vida, especialmente en los dibujos animados.
(Pausa para ir al baño. Me llama mi novia en el momento “del climax”, le digo me llame en 5')
Vuelvo. Me está agarrando sueño, porque la pastilla que me tomé para la gripe tiene un efecto adormecedor. No entiendo por qué, pero siempre pasan esas cosas con ese tipo de pastillas. Igual está bueno, pero igual depende de la situación, jode bastante. Mis reflejos están disminuidos bastante y me siento re dopado. Debe ser lo más parecido a tomarse esas pastillas para dormir. Y espero que jamás tenga que tomar alguna en mi vida.
Tos puta. Sueño puto. Agua puta. Distancia puta. Vesícula puta. Anteojos putos. Todos putos.
Ah, qué lindo es putear cosas. El simple, violento, retrógrado pero maravilloso acto de insultar a las cosas que te joden en la vida, para disminuirlas, que no te rompan las bolas y seguir pa' delante como siempre.
(Después de dos intentos fallidos, al tercero me llama. Habló un rato con ella. La extraño)
La pastilla hizo más efecto. Me voy a dormir. Todos putos. Digo, hasta pronto.
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Billetera

Encontré una billetera
Encontré una billetera
Y dentro fotos de tu pequeña familia
Eras tan joven, tu pelo castaño oscuro
Naciste en 1953
Tu cumpleaños de invierno estaba estampado en el plástico
De una licencia recientemente vencida
Yo estaba tan cansada cuando crucé mi puerta
Dejé todos los contenidos de tu billetera en el piso

Y como una reliquia sagrada
O una novela de misterio
La hojeé bajo la luz tenue
Buscando alguna pista
Una tarjeta de Blockbuster
Un palito viejo de una fruta jugosa

Un recibo arrugado por un par de botas de cuero

Yo no tengo billetera

Yo no tengo billetera
Tengo mis tarjetas unidas con una bandita elástica azul
Y con una mano libre busco en mi bolsillo
Por trozos de, trozos de billetes y cambio
Llevaré tu billetera
A mi Blockbuster local
Ellos encontraran tu nombre
En su computadora
Nunca me conocerás
Yo nunca te conoceré
Pero estarás tan feliz
Cuando ellos te llamen

 

(Traducción libre de “Wallet” de Regina Spektor)