Perdedor
Siempre fui un perdedor. Desde el principio y hasta el final, cuando muera, seguramente seguiré siendo así. No tengo carácter y creo que esa es una de mis más grandes debilidades y que ayuda mucho en mi calidad de perdedor.
Mi primer recuerdo de perdedor fue en el jardín de infantes por supuesto. Una edad crítica, donde uno es bastante ingenuo o al menos yo lo era. Uno de los chicos con los que siempre me juntaba, Federico, era un presumido pero al punto de inventar cosas que no tenía. Y qué mejor que un iluso para alardear de aquellas cosas. Un día me dijo que tenía los morphers de los Power Rangers y que venían los robots y todo, como en la serie que veía todo los santos días en la televisión; y yo me lo creí completamente. Me lo había creído a tal punto que tuvo que admitir que me estaba jodiendo y yo como un pelotudo ahí caí, más o menos, de que el tipo era un chamuyero. Y cuando venía a jugar, yo tenía mi morpher de los Power, pero lo usaba él. Sí, en mi casa, mi juguete, ¡y lo usaba él! Y yo lo dejaba, porque no tenía autoridad, era un perdedor y no tenía carácter.
Pero no sólo en mi primer infancia pasaba eso. Ya en la primaria era el blanco de todas las burlas. Más cuando empecé a usar ortodoncia, y con mucha tranquilidad expliqué mi problema: respiraba con la boca abierta. Mis compañeros eran una manga de forros (supongo) y enseguida comentar el problema me valió el mote de pescado. Pendejos de mierda.
Otro problema que tengo, y que aún persiste, es mi síndrome de Peter Pan. En 8º año, cuando mis compañeros crecían a tasas chinas y yo me quedaba abajo porque mi pubertad fue tardía, las hormonas de mis compañeros empezaban a cocerse bajo el fuego. Mientras tanto yo hacía que entendía cuando me hablaban de que buen culo que tenía esa mina, o cuando mi mejor amigo mencionaba que la chica que me gustaba usaba pantalones ajustados. Ahora, sí, entiendo que es que una mina tenga un buen traste o buenos pechos, pero en ese entonces, todavía no le encontraba el atractivo y una vez más, quedaba como el boludo. Ni hablar cuando se puso de moda el juego de cartas de Yu-Gi-Oh! en Argentina y las cartas truchas se vendían como pan caliente y nos poníamos a jugar, mientras muchos nos miraban con desdén por estar a los 14-15 años jugando a juegos de cartas de un dibujito animado, mientras ellos, tipos grandes y maduros, ya salían a bailar, a fumar y tomar cerveza. Tuve muchas discusiones, pero seguí jugando y de hecho jugué a esas cartas casi hasta los 17.
Cuando senté más o menos cabeza y mis hormonas empezaron a funcionar de acuerdo a la lógica puberal empezaron a aparecer juegos como la botellita. De nuevo con mi falta de carácter, pero también mi extrema timidez con las mujeres, me sentaba en la ronda pero callado, sin decir nada. Y sin embargo, cuando me tocaba a mí con alguna chica, “yo no jugaba”. Recuerdo que una chica me miró y me dijo: “ah, pero vos Félix no estás jugando”. Y no. ¿Qué le iba a decir? ¡Sí, dame un beso! Tanta falta de escrúpulos no tenía. E incluso cuando di mi primer beso di demasiados rodeos para besar a una piba que no me gustaba y que luego me daría muchos dolores de cabeza. Luego para dar el primero posta con cariño y sentimiento, ¡también tardé! El segundo también, pero ahora ya el último no. Algo aprendí.
En conclusión siempre fui un perdedor en muchos sentidos, siempre estoy en la media y a veces tirando para abajo. Me gustan muchas bandas o estilos de música que me da vergüenza a veces reconocer. Me la doy de geek pero no sé un choto. Me la doy de otaku pero gracias si vi la repetición de Dragon Ball Z en Cartoon Network. Me la doy de gamer pero el último juego que di vuelta fue el Tiny Toons para Sega Genesis que hace años que intentaba dar vuelta. Me la doy de escritor pero mis cuentos podrían estar en El Alquimista de Coelho, lo cual me parece una total vergüenza. Me la doy de Blogger, pero lo único que consigo son pelotudos que me vienen a bardear porque soy un amargo (y lo peor es que hasta puede que tengan razón). Como diría el Licencioso Jasper, “vivo con la ele en la frente”. Y no estoy para nada orgulloso de eso.








