01/03/2008

Conversación en un café (continuación 2)

Bendito el lugar
y el motivo de estar ahí
bendita sea la coincidencia.
Bendito el reloj que nos puso puntual ahí
Bendita sea tu presencia,
bendito Dios por encontrarnos en el camino...

Fernando Olivera

(Viene el mozo, deja los dos cafés, y las medialunas. Los dos se sirven y comen)

-¿Cómo era ella?
-...
-¿No te gusta hablar de ella?
-...
-¿Te lastimó, te dejó, no?
-...
-Seguro que la amabas mucho, ¿no?
-...
-Y ahora te cuesta olvidarla...
-¡Sí! ¡¿Y qué?! ¡Me cuesta! ¡Me lastimó! ¡Me siento una mierda!
-Bueno, pero tranquilo.
-¿Cómo querés que me tranquilice? ¿Eh? Además, ¿quién sos vos para, para...?

(Ella se queda cabizbaja ante la reaccion de él)

-Perdonáme.
-Está bien. Creo que me extralimité. Toqué una parte tuya que está herida, la gente me dice que no sé darme cuenta de cuándo parar.
-No es tu culpa. Cuando tocó ese tema siempre me pongo así. La verdad es que desde entonces mi vida es una mierda. Lo único que hago es acordarme de un montón de cosas del pasado. Por esa razón es que estoy acá. Y no es la primera vez que estoy acá.
-Ya te vi llorando muchas veces.
-¿Qué? ¿Cuándo?
-Te estuve siguiendo.
-¿Qué? ¿Por qué?
-Es muy largo de explicar.
-O sea... ¿Me estuviste siguiendo? ¿A mí?
-Sí...
-¿Por qué?
-Por muchas razones. Pero la principal es que te noté lastimado. Escuché tu llanto...
-¿Quién sos? ¿No me podés decir tu nombre, al menos?
-No. No puedo.
-¿Por qué no?
-¡Ya te dije por qué! ¡No tiene sentido, no insistás!
-Pero, o sea, me estás siguiendo, me hacés hablar de cosas intimas que me lastiman... Es más, mirá... Se me escapó una lágrima... Por lo menos... dejáme saber tu nombre.
-No puedo. Mañana. Mañana vení y seguimos hablando, ¿no querés?
-¿Mañana? O sea que ya te vas...
-Algo así.
-¿Por qué? ¿Por qué estás acá?
-Simple. Me interesás. Otra razón no puede ser, ¿no te parece? Porque perdería mi tiempo acá, ¿por este café? ¿Por estás medialunas? ¿Eh? ¿Por qué estoy dejando mi trabajo por estar acá, a riesgo de perderlo? Por esto, por vos.
-¿Por mí? Decíme que me estás jodiendo, que estás diciendo pavadas, que... que...
-¿Que qué?
-Que no puede ser esto. Estás cosas no pasan de verdad.
-¿Por qué no?
-Porque no. Porque es algo lindo lo que decís, porque me gusta...
-¿Tenés miedo de que yo te guste?
-Sí. O sea... te conocí recién, hace menos de media hora. Y...
-Te agrado. Eso está bien. Quería hacerte feliz un rato. Porque no merecés estar así. Sos un buen tipo, ya te lo dije.
-Lo lograste. Por eso, por favor, dejáme saber tu nombre.
-No. Hoy ya no voy a decir nada más. Me tengo que ir.
-¿Y cuándo te voy a poder ver?
-Mañana. Acá. En esta silla voy a estar, a la misma hora que te encontré hoy. Chau, cuidate mucho.

(Ella se levanta y se va por la puerta. Él no atina a hacer nada, sólo la ve abrir la puerta del lugar y perderse entre el mar de gente)

1 respuestas:

  1. Ah, bueno... esto se está poniendo cada vez más interesante...

    Yo me compre una bolsa con caramelos (porque los pochoclos no me gustan), una botellota gigante de coca y la remera oficial de la historia.

    Quizás esté pifiada de blog, porque esta historia me está matando tanto que debería quizás ser una historia asesina... jaja...

    Abrazooo!

    ResponderEliminar

Haga su comentario acá abajo, está permitido y recomendado por 8 de cada 10 dentistas que recomiendan Cenzodine y 8 de cada 10 gatos que prefieren Güiscas y 8 de cada 10 peluqueros que recomiendan Cedal