“Hermoso día, semana, momento que pasamos juntos, ¡te quiero!”. Tíldenme de envidioso, de amargado o de lo que sea. Pero odio desde el fondo de mi corazón esas expresiones tan cursi que se gritan a los cuatro vientos.
Y sí, es cierto, será que tendré envidia de no tener a nadie a quien querer y que por eso estoy amargado y odio esas expresiones pero no lo puedo evitar. En este mismo blog, si hago un par de clics que me lleven a entradas de hace un par de años, encontraré eso que tanto odio: las expresiones públicas y estruendosas de amor.
Lo que pasa es que hay cosas que, es verdad, queremos gritarlas a los cuatro vientos y que se entere, simbólicamente, todo el mundo. Pero es verdad también que a nadie le interesa que ames tanto a alguien. Es hermoso, qué bueno que te pasa eso, pero bueno, listo. Andá, revolcate con la persona que amas. O ni siquiera eso, las personas que quieren mucho a sus amigos y andan diciendo: “boluda, te amo, sos mi mejor amiga” también me dan bronca. Y hasta he visto caso de amistades masculinas diciendo eso mismo en el mismo tono.
Esas cosas, no sé, son privadas. Si amás o querés a alguien, andá y decíselo en la cara. Pero a mi no me interesa. Si pasaste una tarde hermosa con alguien, felicitaciones. Yo la pase acá como un pelotudo derrochando palabras de resentimiento a las cursilerías que andás diciendo porque querés a alguien. Y no me interesa si esta tarde la pasaste linda con tus amigos, si tu novio te hizo llegar al quinto polvo esa tarde o lo que sea. A nadie le interesa.
O al menos… Procura que yo no me entere, ¿viste?
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