01/04/2009

Mi vieja y la muerte de las figuras públicas

Se murió Alfonsín. Y me enteré antes que nadie gracias al servicio al instante de mi vieja. Sí, si mandás “muerte de famosos” al 8008 quedarás suscripto de por vida y gratuitamente al servicio en el que recibirás en tu celular las últimas noticias sobre los muertos más emblemáticos de la Argentina.

El párrafo anterior, como todo chiste, tiene su parte de realidad. Es un juego morboso que tenemos con mi vieja de decirnos “¿adiviná quién se murió?” y no poder adivinar y luego sorprenderse por saber la respuesta de adivinanza, y tiene una larga historia.

Todo empezó cuando yo tenía 5 años y ella me había ido a buscar al jardín de infantes. Ese día la noticia más importante era la muerte del hijo del presidente en un supuesto y dudoso accidente aéreo. Después de haber ido al quiosco para comprarme el chocolate Tofi como siempre solía hacerlo me dijo: “no sabés qué pasó. Se murió el hijo del presidente Me*em”. No tenía mucha idea primero de lo que significaba que muera el hijo del presidente y mucho menos tenía demasiada noción sobre la muerte, pero ella me lo contó. Tiempo después alegó que cuando supo la noticia tenía que decírselo a alguien y puesto que mi padre estaba trabajando la única persona a la que podía contárselo fui yo.

Quizás este tipo de noticias se cuenta porque dan cuenta de la finitud de las personas vemos en las fotos de diarios y revistas, que observamos en la tele, o que oímos hablar o cantar en la radio. Nos damos cuenta que son como nosotros, no son inmortales.

Desde ese día, con mi madre hemos jugado a ese juego de idas y vueltas de noticias mortuorias. Nunca voy a olvidar el día en que yo le di por primera vez a ella la mala nueva, el día en que me enteré por la televisión en un flash informativo del Canal 11 que había dejado este mundo su ídolo radial, el periodista Néstor  Ibarra. Menos olvidé su rostro cuando le conté lo sucedido cuando apenas ella llegó del trabajo.

Ella igual se “vengó” de eso y después de una siesta que había tomado, mi madre me dejo desconcertado cuando me dijo que se había ido el Negro Fontanarrosa. Si bien era esperable, no pude dejar de sentir una profunda tristeza. La más inesperada de todas fue cuando estaba en Burzaco con Sabrina, Aniela y Noelia comprando un regalo de cumpleaños para Sara y en el medio del local, ellas y la vendedora nos enteramos de la muerte de Jorge Guinzburg por medio de un SMS cuyo remitente era mi santa madre.

Anoche, en otro cumpleaños, el de Flor, otro SMS digno de los avisos fúnebres de la Reina, me contó del deceso del ex Presidente de la Nación. La verdad que mi madre para dar estas noticias es mandada a hacer. Pero es divertido para mí, de todas formas, contarle a algún descuidado la noticia de la muerte de una figura pública. Como en los dos mencionados cumpleaños, donde fui el mensajero de las fechorías de la negra parca.

Y sí… No somos nada.

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