Depende de las situaciones, odio o amo a las metáforas. Las metáforas son como pistas que uno da para tratar de que los demás entiendan (o no) lo que uno quiere decir. Existen momentos en los cuales uno no quiere decir algo directamente, por miedo, por presión, por vergüenza o una mezcla de todo. Entonces aparece la metáfora como un recurso para decir con sigilo y un poco de timidez. Pero abusar de las metáforas también significa que uno convierta las cosas en algo demasiado abstracto e inentendible. En esos casos, cuando se llega a esos límites, es mejor decir las cosas de frente y sin rodeos. Pero en este caso, quiero hablar con metáforas, hasta que llegue el momento de tener que decir las cosas de frente.
Resulta entonces que una tarde, un pobre trabajador volvía a casa muy temprano y muy hambriento. Este pobre obrero, tenía una predilección casi adictiva por la zanahoria. Era raro, sí. Y siempre bromeaba diciendo, “seguro que en otra vida fui conejo”, y se comía la zanahoria, cruda, rallada, hervida o en jugo. De cualquier forma, pero él amaba las zanahorias.
Esta tarde, cuando llegó del trabajo quería prepararse una buena ensalada con mucha zanahoria y tomate. Pero cuando llegó, no había zanahoria en casa. Se le había acabado. Fue hasta la verdulería de Don Pérez para ver si podía conseguir, pero se enteró ahí que había sequía y no se había podido cosechar esa temporada. La cara del pobre señor al enterarse de esto era indescriptible. Muy nervioso volvió a casa.
Sin embargo, había lechuga en casa. Le gustaba la lechuga, no al nivel de la zanahoria, pero sí le gustaba mucho la lechuga. Resignado, preparó la ensalada con lechuga y tomate y la acompañó con un buen churrasco de cuadril. Al terminar de comer, quedó satisfecho. No sin hambre, pero satisfecho.
De todas formas él quería zanahoria. Necesitaba la zanahoria, pero en ese momento era inalcanzable para él. Y no estaba seguro cuánto tiempo podría resistir sin su vegetal preferido. Él amaba la zanahoria, no podía concebir su vida sin esa hortaliza naranja. Pero no había. Y su estómago estaba vacío y él se sentía muy vacío. Porque desgraciadamente, la zanahoria, era inalcanzable para él. El pobre trabajador adicto a los carotenos, tenía que resignarse… ¿O no?
Pensalo y después cantá a todo pulmón "I'm broke but I'm happy!!"Pero primero pensalo..
ResponderEliminarY largalo :).
Y bueno, si no queda otra...
ResponderEliminarSi no hay zanahorias por ningún lado, por más que su cuerpo pida y pida, no hay!
Entonces, si, deberá resignarse, hasta que pase la "sequía" y vuelva a haber zanahorias por montones...
Obviamente, fácil no es... ¿pero quién dijo que la vida es fácil?
;)
Dan: Jajajajajaja. Alanis tiene mucha razón.
ResponderEliminarAzu: Es cierto, la vida es difícil, pero hay que seguir y ver qué pasa.
Soy de usar mucho las metaforas, mas que nada cuando hablo de mi!
ResponderEliminarY si, "por el momento" el señor tendra que resignarse pero no bjar los brazos y recorrer verdulerias hasta que la bendita zanahoria aparezca!!
Creo que las pocas veces que hablo, hablo con metaforas, pero a veces soy mas directa con los actos y no hace falta que hable.
ResponderEliminarY con respecto a la metafora, me dejo pensando...