Estábamos en aprietos. No podía darme el lujo de dejar que maten a la persona que tenía todas las respuestas a mis preguntas. Además que había arriesgado su vida por mí, por un ataque tonto en el que yo me metí. Era mi turno de pelear y tenía que hacerlo y buscar la manera de salvarla. Al principio, debo admitirlo, tenía mucho miedo al principio, sentía pavor al ver la velocidad, y esos poderes mágicos, especiales o sobrenaturales o lo que fueran. Sin embargo ese poder oculto que nació me daba mucho coraje, mucho valor, pero sobre mucho poder, me sentía poderoso, capaz de hacer cualquier cosa, como la de luchar contra un enemigo mil veces más fuerte que yo, como era el caso.
Sin embargo, estaba atrapado. Vanya estaba atrapada por ese supuesto clon, aunque por dentro mi escepticismo sólo me decía que era un hermano gemelo o algo así, y no podía hacer nada. Tenía su espada tendida amenazante sobre su cuello.
—No importa. Dejá que me maten.
—¡¿Qué?! ¿Estás en pedo? Vos sabés muchas cosas que yo quiero saber. Te necesito viva.
—Si es por la información, otro te lo puede explicar, no soy la única. Usá ese poder, matalo y después escapá.
—¡No! Eso nunca.
—No importa si muero, importa ese poder, tenés que salvarte, tenés que evitar que ese poder caiga en manos del Clan Oscuro. No importa si me muero, mientras salves al mundo.
—¡¿Salvar al mundo?! ¡¿Yo voy a salvar al mundo?! Dejate de joder… Te tengo que salvar a vos.
—Qué lástima que no puedas —dijo el espía—. Cualquier movimiento que hagas y la mato.
—Hijo de puta.
—¡Pelotudo! —gritó Vanya— ¡No importa mi vida! Si lo matás a él, el clon desaparece automáticamente.
—¿De verdad es un clon? —pregunté.
—¡Claro que sí! ¿No lo ves? —dijo el espía.
—Vamos, atacá, no importa si muero. A nadie le importa.
No sabía qué hacer. Me importaba la vida de esa chica, no quería dejarla morir, no sé por qué, apenas la conocía, no estaba seguro de nada. Pero a la vez pensaba, ella lo dijo, estaban en una guerra. Había visto como atacaron a ese muchacho la noche que agarré el diamante, seguramente había muerto mucha gente en esa guerra y ella daba su vida por su causa. Pero no sabía que hacer.
Y en ese instante, una ráfaga de luz golpeó al clon haciendo que tire la espada.
—¿Qué? —dijo el espía— ¿Qué fue eso? ¡Rápido, matala!
—¡No! —grité.
Enseguida el clon voló por los aires. Desde atrás de él había aparecido un joven, con un mameluco idéntico al de Vanya. Era un joven muy alto, seguro que me llevaba una cabeza y media de altura, pero era muy flacucho, y el uniforme que Vanya le quedaba ajustado a él le quedaba muy holgado. Su cabello era negro, como el mío, pero lo tenía muy corto, casi al ras.
El espía cayó hacia un costado. El joven le había dado una patada que lo desestabilizó, pero sin tocar a Vanya quien estaba muda, respirando muy fuertemente.
—A mí me importa tu vida —le dijo a Vanya.
—¡Llegaste tarde! ¡Siempre llegás tarde para hacer esas entradas espectaculares, Catriel!
—¡¿Qué decís?! Encima que te salvo la vida… Estás así porque te descuidaste.
—Sos un pelotudo, Catriel.
Vanya se levantó y abrazó al joven. Le agradeció y luego se hizo a un lado. En ese momento, no me di cuenta, y el espía aprovecho para atacarme, pero rápidamente reaccioné y esquivé su ataque.
—Dale, ¡levantate! —le gritó el espía a su clon.
El clon se levantó y se enfrentó a Catriel, el joven.
—¿Y él es…? —preguntó Catriel.
—Es Danilo —le respondió Vanya—. Está de nuestro lado, me defendió del espía y se dio cuenta él que estaba antes que yo. Si no fuera por él, yo...
—Quería que me digas quién era, no la historia de tu vida.
—Pelotudo.
—Ahora somos dos contra dos —dijo Catriel.
—Es justo. Pero no suficiente para ganarnos —dijo el espía.
Entonces los dos comenzaron a atacarnos. Aún no podía mover bien mi brazo derecho, y él tampoco así que la lucha era pareja. También entre Catriel y el clon, que a diferencia del original, tenía plena movilidad, pero Catriel parecía un tipo muy fuerte también. Peleamos como la primera vez, golpeándonos a grandes velocidades. Yo todavía no entendía bien por qué estaba peleando, pero obviamente ya había elegido un bando de los dos aparentes.
La pelea se hacía larga y tanto Catriel como yo estábamos peleando con todas nuestras fuerzas contra los espías gemelos. A cada momento me debilitaba más y Catriel se veía más cansado y su fuerza bajaba a medida que peleábamos más y más. En un momento terminamos los dos acorralados por el enemigo, entonces él dijo:
—Hay que pensar algo… Así no podemos ganarles.
—Es cierto…
—Son más ágiles que nosotros, aunque estén debilitados. Ese maldito poder de las sombras y su clon nos complican demasiado.
—¡Eso es! —dije— Sombras. Tengo una idea.
Pensé que esta serie no seguía, y que era un blog aparte :O
ResponderEliminarEn efecto sigue aunque nadie lo lea y le dé pelota. Pero el año pasado empecé a reescribir la historia desde cero.
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