27/11/2009

El libro salvador

—Traeme un capuchino.

—Y yo quiero una lágrima.

—Sí, señor —dice el mozo y se va.

—Bueno, yo te quiero agradecer por tu libro.

—¿En serio?

—Sí. Me salvó la vida.

—¿En serio?

—Sí. Te debo la vida. Este libro, estas 593 páginas, esta tapa dura, me salvaron la vida. Yo la verdad te lo voy a agradecer siempre.

—Por favor, no creo que sea para tanto.

—Por supuesto que sí. Mire como quedó.

—A ver… Parece gastado. Bastante, ¿tanto lo usó? Un momento… ¡Esto tiene un agujero…!

—Por supuesto. Este es el libro que me salvó la vida. Me asaltaron, me quisieron pegar un tiro en la espalda pero yo justo llevaba el libro en la mochila y eso me salvó.

—¿Pero usted leyó el libro?

—¡No! Para nada, iba a ser un regalo para una tía mía. De hecho vine acá para ver si me podría dar otro, porque la verdad es que está caro…

—¿Eh?

—Si no es mucha molestia.

—No, está bien, dígame el nombre de su tía y se lo dedico.

—Modesta Suárez.

—Tome.

—Gracias.

—De nada.

2 respuestas:

  1. Y después dicen que las palabras no pueden frenar a las balas! Ja!

    Besoss
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  2. Por fin le encontré un uso útil a esa biblia que tengo en un cajoncito de mi escritorio.
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