Hablando de (Monólogo interior)
Cómo será que vivimos en una sociedad de consumo y estamos tan ligados a ella que muchas veces hablamos de propagandas, publicidades y campañas de marketing como si fueran grandes obras de arte. Le dedicamos mucho tiempo a conversar sobre ellas, las comparamos, las criticamos como si habláramos del último CD de nuestra banda preferida, de una reciente muestra de pinturas, etc. Y si bien hay muchas propagandas buenas que realmente te hacen reír, sabemos bien que su único objetivo es vendernos algo para que nosotros lo compremos, los empresarios ganen más dinero apropiándose de la ganancia y la plusvalía generada por sus trabajadores (modo marxista ON). Pero también a veces la publicidad falla, y ocurren casos de publicidades que superan todo y se hacen tan populares que dejan de lado el producto que están vendiendo. ¿O quién recuerda que “La Llama que Llama” intentaba vender llamadas de larga distancia u otros servicios telefónicos? También está la publicidad que no te dice nada, que la ves y decís, ¿qué carajo tiene que ver eso con el producto que están vendiendo? Como la propaganda esa de no sé qué bebida donde la mina dice un par de boludeces y se la quieren comer cruda y la metáfora de eso es que mini versiones de los chabones aparecen con galletitas de escudo y esas espaditas de plástico. ¿Qué tiene que ver todo eso con la bebida? Y sí, algo tiene que ver, pero es demasiado enrevesado y en algún punto deja de lado también al producto a vender.
Hablando de las espaditas de plástico esas, ¿puede ser que también haya hachitas de plástico? ¿O es que yo deliré que existían? (modo boludo ON) En fin, ahora no las veo tanto, pero en mi infancia en los cumpleaños, estaban las espaditas clavadas en los pedacitos de salchichas recién sacadas de la olla que uno podía optar por mojar en el pote correspondiente con algún aderezo. Qué lindos momentos eran esos. Después obviamente era lindo jugar con las espaditas, yo me llevaba varias y las usaba para jugar con los muñecos. Creo que hubiera estado bueno lo de las hachitas, pero también que pongan una lanzita o algo así para cambiar los modelos de armas, digo yo.
Hablando de lanzas me acuerdo del zanpakutou de Ikkaku Madarame de Bleach (modo otaku ON), la serie con la que me enganché por culpa de la más-otaku-que-yo de mi hermana. La serie está muy buena, pero tengo el inconveniente de que ella la lee a veces conmigo y a veces sinmigo haciendo que me pierda partes de la historia y ella ya está en otras partes más interesantes de la historia pero de las que yo no me quiero enterar porque quiero leer todo. Y ella lo sabe, pero a veces se le escapa uno que otro spoiler y me da ganas de cagarla a trompadas. Así que la frase de cabecera que siempre le digo es: “no me spoileés nada, pendeja”. El otro día de vuelta del Animate venía leyendo el tomo final de Hellsing y ya me quería contar qué pasaba. Casi la mato. Al final lo leí yo y ahí sí pudimos discutir sobre el final de tan buena serie.
Hablando de eso, otra serie que logré terminar fue Rurouni Kenshin, por fin me compré los últimos 2 tomos que necesitaba para llegar al desenlace de la historia y tacharlo de mi lista de pendientes. Fue tan lindo ver los 28 libritos apilados uno al lado del otro, viendo el primero que ahora está destrozado y que compré allá por el 2002 y el flamante último que compré 7 años después. Es gracioso ver el degradé del primero hecho mierda y el último nuevo, como representando un poco el transcurso de nuestra propia vida, el pasado viejo y desgastado, el presente nuevo y el futuro promisorio y reluciente, y nosotros en el tomo 13, viviendo hasta que llegamos al 28 y se acaba nuestra historia y miramos para atrás y vemos al 1º, allá en la lejanía, algo destrozado, pero siempre añorándolo mucho (modo filosofo barato ON).
Hablando de añorar a la distancia recuerdo a mi novia allá en la costa atlántica, que tan lejos está de acá de donde vivo y a la vez no. Espero a diciembre después de dar los exámenes de Inglés que me faltan para ser libre y viajar en el bello (?) tren de Ferrobaires que me llevará a la Feliz donde seré feliz, ¿qué paradoja, no? (Modo cursi y pelotudo ON).
Y hablando de La Feliz, recuerdo a la marplatense esta… ¿@tiincha, Sere, Moly? ¿Por qué nunca me acuerdo cómo habíamos quedado en que te iba a llamar? Bueno, la cosa es que tenía razón en eso de que los colectivos y las duchas son buenos lugares para inspirarse. O sea, lo primero ya lo sé porque muchas cosas se me ocurren cosas en el colectivo, pero en la ducha hoy se me ocurrió esta entrada. Hice fuerza para no olvidarla y no lo hice, acá está, una muestra de cómo carajo funciona la mente, porque así fue mientras me estaba bañando, empecé pensando en publicidades, pasé a pensar en Bleach, en Hellsing, en mi novia y en tiincha-Sere-Moly y después obviamente en que todo eso iba a terminar en mi blog como ahora usted está leyendo (modo quéséyoquécarajo ON).
Y hablando de eso, está entrada es muy larga. Dudo que muchos la vayan a leer, pero bueh, así es la vida. Así es, hablamos de eso de lo otro en una larga línea de pensamiento que jamás termina.
Hablando de eso, tengo que terminar con esta entrada. Después de la letra “ó” y el punto terminará. ¿Ven? Terminó.








