Estamos en febrero del 2010. Estamos soportando temperaturas altas en casi todos lados del país, temperaturas que se hacen insoportables. Estamos en verano y es natural que haga calor. Sí, pero para algunos es noticia. Para los noticieros específicamente, antes o después de los informes sobre noteros pelotudos en Mar del Plata/otros lugares turísticos de la Costa Atlántica vienen los informes sobre “Buenos Aires es un Infierno”. Lo gracioso de este hecho es que después te cuentan que en Catamarca, La Rioja, Salta, Mendoza, Jujuy, etc, las temperaturas suben más de 40º y ni hablar de la sensación térmica, pero el infierno está en Buenos Aires, el ombligo de nuestro país.
Durante el verano del año pasado no vi un sólo noticiero hablando de alertas naranjas, amarillas u otros colores. En cambio era la fiebre del dengue, de la incipiente gripe A, los temas que dominaban la agenda. Pero la alerta naranja, o al menos en la visión de realidad del noticioso argentino, es el tema de moda, tener cuidado con los viejos y los chicos porque el calor los puede deshidratar, que las colonias de vacaciones no funcionan y una gran cantidad de etcéteras. ¿El año pasado no hizo tanto calor como ahora? Me parece que no hay tanta diferencia. Pero sí la manera en que se lo presenta. De hecho, me parece totalmente inútil darle tanta cobertura al calor. La gente lo siente, sabe. Que tiren un par de consejos es útil y ayuda, pero que todo el tiempo hablen del calor, cuando debe haber miles de cosas mucho más importantes que informar. Seguro que sí.
Empecé a escribir esta entrada hace más de una semana y no la publiqué porque me faltaba darle un cierre, una conclusión. Y es así que hoy me topé con este texto que publicó en su blog el periodista y escritor Orlando Barone, y que representa mucho lo que yo pienso sobre el tema de “el calor como fenómeno social”:
Hace calor, sí. ¿Y qué quieren, que nieve?
No los entiendo y no nos entiendo. ¿No era que en invierno hace frío y en verano calor? Lo raro sería que nevara. Que en verano pasáramos los días y las noches abrigados y con calefacción.
Por eso me pregunto: ¿Qué necesidad hay de al encontrarse con cualquiera, poner cara de sofoco y decirle “¡Qué calor, no se aguanta!” Para que la otra o el otro respondan “Así no se puede vivir”. Y, no. No se puede. Y dale con el calor. Que es bárbaro, insoportable, infernal, terrible. Surtido básico de adjetivos alusivos. Además al adjetivo se lo acompaña con gestos y muecas de tortura.
Gente aparentemente normal, estándar, que habiendo perdido todo indicio de originalidad parece reconfortarse en un monotema: el calor. Se contagia el calor por osmosis del diálogo y del boca a boca. Se dan manija y más sudan cuanto más “calorpatía” se intercambian.
¿Me decís que ya no dás más de calor? Pero si estás en el edificio de tu empresa donde las empleadas hasta tienen que ponerse un saquito. Si salís de un aire acondicionado y te metés en otro.
El calor mata. O “la” calor como se decía antes cuando en verano las mujeres usaban enagua y corsé y los hombres sombrero y saco y corbata, y debajo de la camisa, camiseta intelock. ¿Cómo hicieron para sobrevivir solamente apantallándose con un abanico o con un ventilador que apenas si soplaba una brisa caliente? Eran tiempos en que no había delivery de helado.
Imaginen ese padecimiento de no poder pedirlo por teléfono. Tampoco había, y no voy a enumerar cuanta tecnología existe, porque todo está en las listas de electrodomésticos. En cualquier momento para viajar en colectivo o en subte se empiezan a fabricar refrigerantes portátiles de culos para que no se te pegue la cuerina de los asientos.
El calor se disfruta de acuerdo a las playas o piletas que nos son afines, y se sufre de acuerdo al laburo de pizzero con horno a leña donde se labure.
Cada cual tiene calor según el fresco de que es propietario. Hay gente que ni en invierno es dueña del calor, ni del fresco en verano. Debe vivir siempre a contramano de la temperatura. Es la que tiene derecho al pataleo. La otra, que deje de agotar kilowatios al pedo, por angurria.
El problema a que yo apunto no es el serio de la salud, que exige cuidados, sino el del lenguaje. El de convertir al calor en el único tema relevante de nuestras relaciones. También entre nosotros los periodistas, que últimamente no militamos en la sensatez sino en lo desorbitado. En muchos medios se está hablando del calor como si fuera una plaga climática que va a derretir a la Argentina. Lo que sería bueno se derritiera es el lugar común; lo obvio. Para que el que no habla del calor con el otro, no se sienta un excluido. Hablar del tiempo es la excusa más difundida para no decirse nada. Pero es sorprendente que en pleno verano nos sorprenda el calor. Será que tenemos tan poco para decirnos. O porque es la única coincidencia que nos une.

muy bien! es lo que vivo diciendo, estos porteños cuando no saben bien que pasar por los noticieros se copan con pavadas. cuando no hace mucho calor de repente hace frio,, no hay nada que les venga bien :/
ResponderEliminarah, me encanto la foto de los helados, me hizo acordar a las propagandas de nose que canal de dibujitos que mostraban distintos helados derretirse al sol.. que desperdicio jaja
¡Muy buen post! Coincido perfectamente con todo lo que decís y con el artículo de Barone. Sin embargo, quisiera comentar tres puntos:
ResponderEliminar1) El año pasado no hubo alerta naranja porque eso es un invento del Servicio Meteorológico Nacional de este año. De hecho, según dicen, todavía está en etapa de prueba... algo así como en una versión beta :D.
2) El verano pasado la noticia era el dengue, el invierno pasado la noticia era la gripe A, este verano la noticia es el calor. Hay que variar un poco para no perder rating :P. Tendríamos que hacer apuestas a ver quién adivina de qué se va a hablar el próximo invierno :D.
3) Al fin y al cabo, la primera conversación de la que uno puede hablar es siempre del tiempo. Ideal para cuando estás compartiendo la cola para pagar los impuestos, ideal para el taxista o remisero que no tiene otro tema que sacar... ideal para todos :D. Y cuando hace MUCHO calor, hay MUCHO de qué hablar :D.
A pesar de esos tres puntos, sin embargo, como decía más arriba, estoy de acuerdo con todo lo que decís :).
¡Un abrazo, Félix!
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Acá tengo frío porque mi compañero pone el aire a -60 grados
ResponderEliminarSi, tenés razón... Estoy harta de los noticieros que viven diciendo "¡AY, qué calor hace en Bs As!" ¿Y en el resto del país acaso no hace calor?
ResponderEliminarPero bueno... Yo si tengo derecho a quejarme del calor, porque no tengo aire y porque tengo que estar acá sentada todo el santo día tratando de estudiar mientras me derrito y se me pega la silla al cuerpo...
:(
QUE BUENA FOTO! :D
ResponderEliminary el post barbaro!
as usual xd
saludos gatoo!!
Mrs. Bitch: Sí, creo que era Discovery Kids cuando no sólo se trataba de dibujitos para preescolares. Me acuerdo perfectamente, lo que hacía era comparar cuál de los dos helados se derretía más rápido, si el de palito o el de cono. Y perdía el de palito. Qué tiempos, che.
ResponderEliminarAlvago:
1). No sabía lo de la alerta naranja, pero es lo mismo, ¿por qué no la inventaron el año pasado? Igual es un buen dato.
2). Sí, por los menos los monotemas varían. Vamos a ver cuál es la noticia del invierno... Hay que apostar... ¿Gripe A, la venganza?
3). Sí y no, es cierto que hablar del tema puede ser un incentivo, pero sólo si ayuda a desembocar en otro tema de conversación. El problema es cuando la conversación es sólo decir: ¡qué calor, ¿viste?!
Gus: Yo quiero ir ahí entonces :P
Azu: Y porque en Misiones debe de hacer un calor de puta madre :P
Sarah: ¿Qué foto? :P
Emm viste los heladitos? el azul y el naranja?
ResponderEliminarLos heladitos! esa foto/imagen/pic/archivovisual (?)
che che el azul sos vos y el naranja es Sabri!! xDD
a que no lo pensaste asiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii