21/09/2010

El oído

En el momento en que anunció el chofer el final del recorrido, me di cuenta que me había tomado mal el colectivo. Simplemente no sé por qué, pensé que ese número y ese ramal me llevaban a mi destino, pero no. Cuando me di cuenta, el colectivo se había ido y yo estaba a la deriva, quizás muy lejos de dónde tenía que ir (o quizás no, quién sabe dónde me había bajado).

Había caminado unos pasos, algunas cuadras, con miedo. Aún era de día, las cinco y cuarto de la tarde con exactitud, pero no tenía idea de dónde estaba en verdad. La calle, era como todas las otras, gris, con cordones, con veredas y con semáforos. Las casas, todas bajitas, más o menos parecidas. Algunos negocios, pero todos cerrados un domingo a la tarde. Apenas tengo las monedas para un boleto mínimo, y algo en billetes, pero para viajar no me sirve. El celular apenas tiene saldo a mi favor para ser utilizado. Tres mensajes y chau. No sé dónde estoy y tengo más miedo. Un gato desde el jardín de una casa me mira y me ignora. Dos casas después, un perro me ladra y entre tanto silencio me sobresalta más. ¿Dónde estaba? ¿Dónde estaba la gente? ¿Por qué están todos encerrados en sus casas? Camino más cuadras, en el sentido opuesto en el que me llevó el colectivo, tratando de reconstruir el camino que había hecho hasta el lugar dónde bajé.

Trato de memorizar algunas referencias que había tomado, pero las calles son muy parecidas. Sigo caminando hasta que llego a una Avenida, transitada, pero poco. Me siento vulnerable.

Perdido, asustado, cruzo la calle. Un colectivo, el de la misma línea que me tomé pasa. No venía mirando. Siento una frenada y cuando me doy cuenta estoy en el piso lleno de sangre en la cabeza. No duro mucho más con vida. Me acabo de morir y no sé dónde estoy. Aún escucho. No puedo sentir nada, no puedo ver nada, no puedo moverme, no puedo hablar, no tengo voluntad activa. Pero puedo seguir escuchando. Escucho pasos que se acercan a mi, me hablan, y calculo que habrá intentado sacudirme o reanimarme, aunque esto sólo lo infiero porque no puedo saber nada aparte de lo que oigo.

Los pasos se alejan y mientras escucho alejándose también algunos suspiros y puteadas de quien supongo será el chofer del colectivo que me mató. Momentos después se escucha una sirena, y dos o tres personas se acercan a mí. Intuyo que serán paramédicos, porque enseguida declaran mi muerte.

Y estoy muerto. No siento nada. No siento tristeza, ni felicidad, ni decepción, ni nada. Sólo escucho cuanto pasa alrededor mío. Pensé que morir implicaría ausencia de todo sentido pero aún los puedo escuchar. Escucho ruedas y el ruido de un nailon que seguramente será negro y me está cubriendo. Un poco más de ruedas y el portazo de la ambulancia, que arranca y junto con el ruido del motor, el de la sirena. Me pregunto para qué la sirena, si no hay urgencia, ya estoy muerto, no se puede hacer nada por mí.

El colectivo 793 al final fue mi gran perdición. Pobre Cecilia, se va a poner mal y se va a sentir culpable de mi muerte. Ella me hizo ir hasta su casa a último momento, con pocas indicaciones y yo que me tomo cualquier cosa. Y ahora estoy muerto, además. Pobre mi familia también, la vieja, el viejo, mis hermanos, todos. Pero qué onda, ¿y ahora qué pasa conmigo? ¿Me voy a quedar escuchando eternamente mi entorno? Si me entierran, entonces, ¿voy a quedarme sólo allá abajo como pensando sólo bajo la tierra el resto de la eternidad? ¿O será que esto es sólo la previa de lo que sigue, si es que hay algo más después de morir?

Estoy llegando al hospital a la morgue. Escuché que tomaron mi teléfono celular y se contactaron con alguien. Ahora se van a poner a llorar todos. Pobres ellos, me dan un poco de lástima. Pero bueno, ya está, ya me morí. No está mal. Tampoco está bien. Uno creería que se desespera de sólo escuchar y no poder articular acción alguna, pero no. Estoy tranquilo. No siento nada. Nada de nada. No siento la noción del tiempo tampoco. Ahora que me doy cuenta, parece que estoy en el cajón ya. Escucho sollozos, creo que escucho a la vieja llorando. Pobre.

¿Estará mi ex novia, la que me dejó hace tres meses? Va a lamentar mucho haberlo hecho. ¿Quién estará? Escucho muchas voces y sollozos, no puedo distinguir a nadie. Por lo que escuché, van a cremar mi cuerpo. Esto provocara un cambio, seguramente… Hasta ahora he escuchado todo porque he conservado mi cuerpo intacto. Bueno, intacto es un decir, obviamente.

Escucho chispas, el sonido del fuego, ya deben estar cremando mi cuerpo. Pero no siento nada, así que no sé si efectivamente me estoy quemando o no. No sé qué estará pasando. Pero bueno, ya me daré cuenta cuando deje de escuchar. ¿Y cuando deje de escuchar qué va a pasar?

Por lo menos no voy a estar bajo tierra, me pondrán en una urnita, en algún lugar. Escucho un sonido de madera, pero ahora no escucho demasiado. Ya estoy en la urna, ya soy cenizas.

No escucho nada. A veces algún ruido por encima de la tapa, pero nada más. De todas formas no me importa. Estoy muerto. Total. ¿Qué voy a hacer?

Nada. Nada. Nada. Nada. Nada. ¿Cuánto tiempo habrá pasado? No siento nada. Nada. Nada. Nada. Nada. Nada. Nada. Nada. No siento nada. Estoy muerto. Nada. Nada.

No siento nada. Estoy muerto.

Levantan la tapa. Escucho algo, un, no sé, ya no recuerdo los sonidos. Alguien habla, dice que pasó mucho tiempo. Empiezo a reconocer los sonidos. Se están despidiendo de mi. Sé que abandono la urna, porque escucho más claramente donde estoy. Hay agua y olas, estoy en el mar, tiraron mis cenizas al mar.

Escucho el mar, o el lago o la masa de agua que sea. El 793 me mató y ahora, floto y me hundo a la deriva. Estoy muerto y sólo al fin. Y no.

No siento nada.

2 respuestas:

Haga su comentario acá abajo, está permitido y recomendado por 8 de cada 10 dentistas que recomiendan Cenzodine y 8 de cada 10 gatos que prefieren Güiscas y 8 de cada 10 peluqueros que recomiendan Cedal