11/12/2010

Teoría de la exageración

Escuchar una canción, mirar una foto, leer una carta, lo que sea, todo, todo está en una parte de la mente que despierta, un recuerdo que recuerda. A veces la memoria funciona sola, recuerda momentos de la vida, aunque puede llegar a tergiversarlos, porque no es para nada infalible.

Hay un momento clave en mi vida, que seguro nunca se borrará, y ese es el momento en que en mi viaje de egresados de Bariloche, sufrí un “accidente” y termine en el suelo, con mi pierna aprisionada en un alambrado; después de haber intentado saltarla. Imagínense, yo y 83 personas de entre 14-15 años, riéndose. Tanto, que es el día de hoy que recuerdan ese momento… y se ríen frente a mí. Claro, no me molesta, para nada, fue gracioso en verdad. Pero la gente siempre exagera a medida que pasa el tiempo cuando recuerdan el evento. Yo había llevado la filmadora, y me la pasé filmando cosas durante todo el viaje, y era conocido como “el de la cámara”. Tanto me hice popular por eso (y hasta el día de la caída, salí en la gaceta diaria barilochense que armábamos), que mucha gente recuerda mi caída conmigo caído en el piso filmando, con la cámara en la mano, y hasta algunos me han dicho que hasta estaba grabando. Lo cual es totalmente falso porque había guardado la cámara en la mochila mucho antes de intentar el salto que me pondría en ridículo y me dejaría rengo un par de días.

Es así como las personas, a la hora de contar una anécdota, vaya a saber si consciente o inconscientemente, exagera las situaciones, los personajes, al punto de inventar eventos o circunstancias que no ocurrieron. Incluso, dos personas contando lo mismo, pueden tener distintas percepciones y recuerdos sobre lo ocurrido. Uno creerá que tiene la razón y que su versión es más fidedigna, pero el otro también. Algo que ocurre siempre, sin dudas, en muchos contextos, creer que la versión propia, es la real.

Pero es así también como surgen las grandes historias que merecen ser contadas. Ese condimento, ese agregado, hace que las historias contadas llamen la atención, los eventos impresionantes que se le adosan, le dan color a la narración. Los buenos contadores de historias son como escritores de la oralidad, nos llaman la atención, nos dejan pensando, nos hacen reír o llorar o sentir y hasta puede que también nos dejen una moraleja.

Al final de todo, de todas las exageraciones, se encuentra una historia, un relato. Con seguridad el relato autobiográfico de un escritor tomará cosas de su vida personal y real, pero seguramente exagerará y omitirá muchas cosas para hacer más interesante el relato.

Sarmiento y su famoso Facundo son un ejemplo de la exageración del relato. Inventa, crea datos biográficos, situaciones y eventos que o fueron totalmente inventados o totalmente tergiversados para dar el efecto que convierte al Facundo en el Facundo. Incluso su más autobiográfico “Recuerdos de Provincia” tiene mucho de exageración o tergiversación de hechos aparentemente reales (cf. “Sarmiento, escritor”; Ricardo Piglia) que son en realidad ficción que dan un efecto de verdad. En el texto de Piglia, él cita a Mukarovsky quien dice: “No importa la verdad de los hechos narrados, importa si el autor representa los acontecimientos como reales o ficticios”.

Entonces, finalmente, tampoco importa si los que cuentan la historia de mi fastidiosa caída mientan (consciente o inconscientemente) sobre el detalle de la cámara (y sin dudas este detalle lo hace más interesante y más gracioso al relato, y más el imaginar la grabación de un idiota con una cámara en la mano cayéndose). Importa en verdad si eso ayuda al relato, a hacerlo interesante. Y sin duda, que lo hace. Si no, la gente, no se reiría al recordarlo, jamás.

1 respuestas:

  1. Es verdad, hay solo dos opciones para las anécdotas van mejorando con el tiempo, o inexorablemente mueren.

    Que buena frase la voy a Tuitear.

    ResponderEliminar

Haga su comentario acá abajo, está permitido y recomendado por 8 de cada 10 dentistas que recomiendan Cenzodine y 8 de cada 10 gatos que prefieren Güiscas y 8 de cada 10 peluqueros que recomiendan Cedal