19/9/2011

El arte de la simulación

Entre las pocas lecturas que he hecho a lo largo de mi vida, he encontrado una cosa en la cual Roberto Fontanarrosa y Roland Barthes están de acuerdo: la simulación es un arte. Podemos entender simulación en un sentido amplio, pero más particularmente quiero referirme a ella como simulación futbolística. Obviamente la idea de simulación se acerca a la literatura como un tipo de ficción pero mucho más al teatro, a la representación de la farsa.

Dice Roland Barthes en sus Mitologías hablando del catch:

La virtud del catch consiste en ser un espectáculo excesivo. En él encontramos un énfasis semejante al que tenían, seguramente, los teatros antiguos. (…)

Hay personas que creen que el catch es un deporte innoble. El catch no es un deporte, es un espectáculo; y no es más innoble asistir a una representación del dolor en el catch, que a los sufrimientos de Arnolfo o de Andrómaca. Por supuesto existe un falso catch que se representa costosamente con las apariencias inútiles de un deporte regular; esto no ofrece ningún interés. El auténtico catch, llamado impropiamente catch de aficionados, se representa en salas de segunda categoría donde el público espontáneamente se pone de acuerdo con la naturaleza espectacular del combate, como el público de un cine de barrio (Barthes, Roland; Mitologías; Buenos Aires; Siglo Veintiuno Editores, 2010; pp. 17-18).

El catch o la lucha libre es el equivalente al teatro clásico para Barthes, es una farsa, todos sus elementos recuerdan al teatro, a la ficción representada por personas. Viendo distintos tipos de lucha libre uno se da cuenta que los golpes son tan falsos como los golpes o accidentes o muertes en una telenovela de la tarde, o el humor físico del Chavo del 8, uno está bajo la presencia de falsa violencia, pero por convención uno la sostiene como verdadera. Y como Barthes, también me remito a estos casos y no a la violencia realista y verosímil de las películas hollywoodenses, casos donde la violencia está presente pero con artilugios que voluntaria o involuntariamente demuestran su falsedad, como el palo de madera de telgopor (más ese ruido de campana que acompañaba los golpes) con el que el Chavo del 8 golpea a Don Ramón en un capítulo para evitar que éste en su figura de ropavejero se llevara a Quico, o los pellizcos de Don Ramón a Quico, que consistían simplemente en tomar un pedazo de la tela de la ropa con el índice y el pulgar y girarlo como una perilla.

Comparable a esta falseada violencia es la simulación del fútbol en el momento de las faltas, las patadas y los golpes y las pretendidas lesiones provocadas. Fontanarrosa en su cuento “Viejo con árbol”, casi un manifiesto sobre la concepción del fútbol como un arte, también coincide en la idea de la simulación como una equiparación con el teatro:

—Y vea usted a ese delantero… —señaló ahora el viejo, casi metiéndose en la cancha, algo más alterado—… ese delantero de ellos que se revuelca por el suelo como si lo hubiese picado una tarántula, mesándose exageradamente los cabellos, distorsionando el rostro, bramando falsamente de dolor, reclamando histriónicamente justicia… Bueno… Eso, eso es el teatro (Fontanarrosa, Roberto; Usted no me lo va a creer; Buenos Aires; Ediciones de la Flor; 2006; p. 38).

Las televisaciones del fútbol nos muestran hasta el paroxismo los momentos en el los cuales un jugador arremete a otro del equipo con furia para quitarle la pelota (y muchas veces estos momentos son definidos por muchos periodistas y aficionados como justamente eso, teatro). Y así es como podemos ver esos momentos teatrales del fútbol, las simulaciones, las revolcadas por el suelo, demostrando el dolor. Como señala Barthes: “en el catch, si un hombre cae se queda exageradamente ahí, llena hasta el extremo la vista de los espectadores con espectáculo intolerable de su impotencia.” El hombre caído en el fútbol busca con su teatro imitar la realidad, hacer una mimesis de la vida cotidiana, es decir, de una falta real, busca el realismo, el efecto de realidad para obtener la ventaja.

El problema es que, como la relación del arte con la vida cotidiana, si la obra no logra realmente reflejar la realidad, entonces el actor será amonestado. Esto implica que lo teatral es reconocido como tal, y esto es que, en el contexto de fútbol, la simulación es considerada como una falta del simulador. Lo que se provoca es lo mismo que se provoca al ver en una telenovela los elementos inverosímiles: se convierten en comedia, hacen reír y considerar a la ficción como perteneciente a aquel mundo y jamás el público consideraría que trascienden ese mundo al real. La simulación exagerada entonces es el arte por el arte, y es la que Barthes resalta como verdadera representación del teatro.

Sin embargo, por otra parte, la simulación que puede ser al menos comprada por el árbitro, esto es decir, la más realista y verosímil, la que el árbitro cobra como falta (o penal) del que “incitó” de cierta forma la simulación, es la del arte, por decirlo de cierto modo, comprometido, que tiene un fin programático más allá del estético. La simulación verosímil del fútbol podría equipararse a la repercusión de la versión teatral de Juan Moreira de Eduardo Gutiérrez:

Además, Gutiérrez percibe en la historia de su héroe el fracaso de un sistema legal, y por lo tanto arma en su folletín una especie de tribunal en el que se juzga y generalmente se absuelve al que la justicia penal ha condenado como delincuente. Y no se equivocaba con esta estrategia, como lo demuestra la repercusión de su novela al ser trasladada a la escena teatral por la compañía de los hermanos Podestá. Era habitual que una persona del público subiera al escenario, alguna vez daga en mano, para ayudar a Moreira a enfrentar a la partida (Mayer, Marcos; Prólogo; en Gutiérrez, Eduardo; Juan Moreira, Buenos Aires, Longseller; 2007; p. 14).

Así como las personas sentían solidaridad en ayudar al gaucho Moreira porque veían injusta su situación, los hinchas de un equipo van a ver en esa simulación verosímil (y en la inverosímil seguramente también) la solidaridad con sus jugadores, con sus representantes y querrán ayudarlo, porque su situación, su teatro conmueve al público. Pero la crítica los tratará de ignorantes, de personas que no saben separar entre la realidad y la ficción, y a través del paroxismo del telebeam podrán ver que las actuaciones de los jugadores son pura ficción y así como Barthes valoraba al catch amateur por ser ostensiblemente exagerado y por ser un no deporte, los críticos deportivos entonces criticarán al teatro por ser eso, algo ajeno a la realidad del juego y sin un objetivo final. Darse cuenta que Moreira en realidad ya había muerto y que en cada representación teatral moriría, sin embargo, no es algo que el público aceptará tan fácilmente. La lucha entre el arte y la realidad, y el entender quién es reflejo de quién comienza aquí. Si el arte reproduce la realidad o si la realidad reproduce al arte.

¿Qué motiva a un jugador a practicar el arte de la simulación? Hay jugadores que simulan más y otros que menos. El jugador que se tira a la pileta, realmente cree que su actuación, su arte, puede cambiar el mundo, la realidad, el resultado del marcador. Desea cambiar el rumbo de su historia, su ambiente y su sociedad como cualquier otro artista que practique la pintura, la música, la literatura y así. El que se tira menos no cree en la utilidad del arte como transformadora de lo social, más bien prefiere otro tipo de actos que transformen o simplemente se quedan en su molde, en su posición, no les interesa cambiar nada o se resignan a que algo jamás cambiará.

Pero, finalmente, simular es un arte, y como tal, puede haber buenos y malos artistas, los puede haber de los malos y de los muy buenos. Los buenos suscitarán polémica seguramente, como todos los buenos artistas, porque sus intervenciones “manchan” el juego, “manchan” el mundo y rompen el status quo. Los malos artistas serán mofados y pasarán a la historia seguramente ellos y sus intervenciones teatrales.

Por eso, hay que saber simular. Pero analizar eso y ver cómo se logra ya entra en otro plano que está fuera de nuestro alcance.

1 comentario:

  1. Bueno hay algunos que saben simular muy muy bien asi que en realidad si es un gran arte que pocos tienen jeje

    ResponderEliminar

Coma y comente, este post caliente.