Anoche vi por Canal 9 la ficción Decisiones. Un unitario en el cual los personajes se encuentran enfrentados unos con otros con problemas límites, que a veces exceden las fronteras de sus cuestiones morales, sentimentales y políticas. En el último capítulo, el hijo de un veterano de la Guerra de Malvinas, lleva a su novia Inglesa a casa a presentársela. Al final de ese capítulo, un locutor leía el siguiente poema de Jorge Luis Borges publicado en “Los conjurados”:
Les tocó en suerte una época extraña.
El planeta había sido parcelado en distintos países,
cada uno provisto de lealtades,
de queridas memorias,
de un pasado sin duda heroico,
de derechos,
de agravios,
de una mitología peculiar,
de próceres de bronce,
de aniversarios,
de demagogos y de símbolos.
Esa división, cara a los cartógrafos,
auspiciaba las guerras.
López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil;
Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown.
Había estudiado castellano para leer el Quijote.
El otro profesaba el amor de Conrad,
que le había sido revelado en una aula de la calle Viamonte.
Hubieran sido amigos,
pero se vieron una sola vez cara a cara,
en unas islas demasiado famosas,
y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel.
Los enterraron juntos.
La nieve y la corrupción los conocen.
El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.
Recomiendan Cedal jaja
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